En Puebla… El pueblo

2022-06-18 00:00:00 | Miguel Angel Aviles

Lo sucedido en Puebla fue aberrante.

Ocurrió un 14 de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, un poblado de la capital.

Ahí, la muerte, también tuvo permiso.
Por eso digo que lo sucedido en Puebla es aberrante.

En la localidad de Papatlazolco, Huauchinango, la muchedumbre confundida —en todas sus acepciones— lincharon y quemaron vivo a Daniel Picazo González, ya que lo confundieron con un “robachicos”.

Al joven lo abordaron los pobladores alrededor de las 22:00 horas del pasado 10 de junio; eran aproximadamente 200 los que participaron en el linchamiento.

Lo golpearon y llevaron a las canchas de la comunidad en donde lo quemaron vivo.

Más tarde, policías municipales y estatales, así como paramédicos de la Cruz Roja llegaron a la zona de los hechos, sin embargo, él ya no contaba con vida.

“Eran cinco jóvenes empleados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que escalarían el volcán La Malinche, pero el mal tiempo los obliga a refugiarse en ese pueblo de San Miguel Canoa.

A consecuencia del fanatismo religioso vivido en el lugar, el pueblo los confunde con comunistas, deciden lincharlos y lo hacen.

La sinrazón de por medio.

En gran medida la gente fue incitada por el párroco local, Enrique Meza Pérez, que en la película de Felipe Cazals, es interpretado por su tocayo, Enrique Lucero, gran actor mexicano, a quien tan sólo verlo en pantalla daba miedo.

Con un extraño corte militar tipo flat top y unas gafas de pasta oscura que serían muy útiles para ocultar una cruda, se encasquetaba la folclórica sotana y comenzaba su arenga esa de que los demonios andaban sueltos, para luego azuzar a los feligreses contra los nuevos judas, los que traicionan a Dios nuestro señor y que ven con agrado como ya se levantaron los comunistas, que incendian camiones, destruyen comercios, ultrajan a la gente. Ya pusieron una bandera, roja como el infierno, negra como el pecado, se la pusieron a las autoridades, eso es una burla, es una grosería. Y no sólo están en México, están en Puebla y están aquí.”

Enseguida dirigió su discurso contra los empleados de la BUAP, a los que consideró como estudiantes y vociferó con respecto a su presencia en el lugar y todo lo que, según él harían

Pero aproximadamente cuarenta minutos antes, ellos estuvieron escuchando la historia del pueblo y acerca de los abusos de poder del párroco Meza Pérez.

De repente, el ambiente se inquietó.

Alguien repicó con furia las campanas de la iglesia, y, según las crónicas de los días siguientes, desde “un megáfono que estaba colocado en el centro del pueblo se dejó escuchar la voz de alarma, informando que allí se encontraban comunistas y repartirían propaganda”.

Nadie constató si era cierto (el fanatismo no piensa, sólo se limita a creer y actúa, obedeciendo, ciegamente al apólogo de su enfermedad) y los pobladores, acatando la voz del cura, impidieron el hecho linchando a quienes consideraban “enemigos de la creencia católica” y el Gobierno bajo su manto.

Oh, Dios mío, qué locura.

"El afectado, bajo el señalamiento del supuesto secuestro de menores de edad, lo golpearon y posteriormente prendieron fuego a la unidad y a la persona, ocasionándole quemaduras que provocaron su fallecimiento", detalló la Fiscalía.

Como en tantas ocasiones lo hizo, Daniel Picazo González salió de su domicilio en Ciudad de México para visitar la casa que heredó su abuelo en una pequeña localidad del Estado de Puebla.

La propiedad está ubicada en la localidad de Las Colonias de Hidalgo, a unas tres horas, más o menos, de la capital mexicana, y al joven de 31 años le gustaba pasar los días libres en estos territorios que eran sus orígenes.

Así lo hizo el 9 de junio. Avisó a sus padres, Ricardo Picazo y Angélica González, que había llegado bien.

Un rumor que corrió días antes por grupos de WhatsApp y Facebook de Papatlazolco, el cual no fue verificado (porque la ignorancia impera y ésta sólo cree, no le importa la verdad) decía que había gente foránea raptando niños para traficar con sus órganos.

Salvador Sánchez, Ernesto Gómez Cruz, Rodrigo Puebla, Roberto Sosa, Arturo Alegro, Carlos Chávez, Jaime Garza, Gerardo Vigil, Malena Doria y los otros actores que llevaron estos hechos a la pantalla grande, estaban aún muy jóvenes, con mucho futuro por delante

Daniel también estaba joven. Tenía 31 años y fue víctima del señalamiento público de una muchedumbre, según los primeros informes de las autoridades.

Información falsa de ese tipo ya ha sido usada antes para generar zozobra en comunidades como esta.

Ya ocurrió un 14 de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, un poblado de la capital y en otras tantas veces más. En este Estado de la República y en otras ciudades del país.

Porque esta conducta exagerada, enloquecida, irracional, ya sea de una religión, idea, teoría, deporte, cultura, estilo de vida, persona, celebridad o sistema, está presente, a la vista de un astuto o astuta, dispuesto a explotarla y hacerse para sí de esa masa popular, con tal de vivir y sobrevivir el mayor tiempo posible a costa de esta locura.

Porque al fin de cuentas, él o ella también es uno de esos enfermos.

“El rey sólo es señor, después del cielo y no bárbaros hombres inhumanos si Dios ayuda nuestro justo celo.

¿Qué nos ha de costar?”

Lope de Vega

Fuenteovejuna, Acto III

Así da inicio la película Canoa.

    

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