El puente roto

2022-06-11 00:00:00 | Miguel Angel Aviles

Cuánto yo supe quererte

Te abrazaba yo en el puente

Nos quisimos de un jalón

En las tardes tan serenas

Por las verdes arboledas

Me robaste el corazón

Así pude cantarle alguien a su ser amado, muchos años después de la inauguración, si ese mismo día no se viene abajo.

Pero se vino. No en la inauguración, corrijo, sino en su reinauguración, no sé si la única o la primera de tantas.

Pero hoy todos, literalmente, viven para contarlo pero qué tal si hubiera tenido consecuencias mortales, el tema no sería lo que parece que significó para algunos, una simple anécdota, sino se estuviera llevando al paredón de fusilamiento a medio mundo, desde los que lo planearon y, lo construyeron, pasando por el Director Responsable de Obra, ‘seguido por los titulares de cuatro trienios anteriores, el presidente municipal actual de Cuernavaca José Luis Urióstegui Salgado, los albañiles y carpinteros, proveedores y hasta llegar, desde luego, al chaval que parecía festejar su cumpleaños y agarró al puente como su brinca brinca.

Luego vino el tiempo de aguas

Ya no supe dónde andabas

Y todito se acabó

Y para colmo de mi suerte

Fue creciendo la corriente

Y hasta el puente se rompió.

Sin duda alguna, de que se rompió, se rompió, no fue ilusión óptica y aunque hay quienes son capaces de negar hasta lo más evidente pues, en este caso, no hay quien no lo viera, gracias al Big Brochar en que vivimos todos y gracias a la tecnología, a la globalización y a la redes sociales, pero también gracias al morbo, a la oportunidad de quien captó el momento preciso, al amigo o amiga que es más argüendero que doña María Castillo y lo compartió en cuanto lo tuvo consigo .

Qué importa qué desgracia haya ocurrido: llegó a mi chat y yo reenvié, no vaya a ser que alguien me gane con la primicia y qué vergüenza, me miraré muy mal en mi trastornada afición de compartir estas noticias.

De ese modo se justificaría con su conciencia y con quien le pusiera un alto por andar compartiendo imágenes nada edificantes, pero sí de mucha satisfacción para el remitente quien goza, babeante, con su estúpido pasatiempo.

Debido a esas prácticas y, por supuesto, debido al noticiero que ustedes quieran o al adversario de la administración en turno, que, a como está el nivel de buena parte de la clase política, muy probablemente gozaba en la misma proporción de su lamento, si le hubiera tocado a él cuando estaba al frente de la administración municipal anterior, pero en estos momentos sonríe muy campante.

“El puente roto”, le llamo yo

A tu cariño que se rajó

Así dejaste a mi corazón

Hecho pedazos por tu traición

No sé si fue traición —de la naturaleza, de la física, de la ingeniera— o del infiltrado jovencito que saltaba y saltaba como si no hubiera un mañana, en tanto que el puente colgante, estaba a unos segundos de colgar los tenis y venirse abajo, como un rudo juego mecánico descompuesto, frente el enorme susto de los asistentes que ya se veían posando en un ratito más, de otra forma, pero jamás así, en el periódico del día siguiente, no sin haber disfrutado esa tarde una cecina, un pipián verde, una sopa azteca o un caldo de mojarras, y brindar a gusto por tan lucidora obra, la única que no fue incluida en rehabilitación del Paseo Ribereño, según informó, aunque ya no se para qué, el Gobierno del Estado de Morelos.

¡Ay!

Y ahora pues

Ahora tú, en el puente roto

Abrazada con el otro

Ni te acuerdas de mi amor (no, no, no, no)

Porque así son las mujeres

Cuando el hombre más las quiere

Siempre pagan con traición

Sí, así pudo escucharse: “Ay” y otros “Ay” en repentinos coros, literalmente, el puente roto y abrazada con el otro pero en ese rato de sentones de improviso no quien se acuerdas de su amor (no, no, no, no).

A lo mucho se acordaron de la Virgen de Guadalupe, de diosito, de los que hicieron el proyecto y del D.R.O. que, para entonces, ya estará escondido abajo de una cama, voló a Dubái, o sobrevive entre los caídos, rogando a todos los santos morelenses que no lo reconozca nadie porque ahí mismo lo linchan

“El puente roto”, le llamo yo

A tu cariño que se rajó

Así dejaste a mi corazón

Hecho pedazos por tu traición

Ahora tú, en el puente roto

Abrazada con el otro

Ni te acuerdas de mi amor

Porque así son las mujeres

Cuando el hombre más las quiere

Siempre pagan con traición”

Como no se va a rajar si lo hicieron menos cuando podían haberlo incluido en el proyecto “Rehabilitación del Paseo Turístico Ribereño Alfonso Sandoval Camuñas” y echarle una manita, considerando su importancia pues conecta a dos pasillos mayores construidos en cemento y estructura metálica, siendo parte obligada de la ruta por la barranca de Amanalco, que inicia en el parque Porfirio Díaz, a unos metros de la Iglesia de El Calvario y suele concluir en la calle de Carlos Cuaglia, a unos metros de donde los voceadores recogen los periódicos ya en el mero centro de Cuernavaca.

No conozco estos lugares. Acaso nomas el Jardín Borda y otros puntos-pero estos no. Sin embargo, se aprecia interesante, como para haberle sacado la vuelta cuando planearon la rehabilitación, a la que por cierto se destinó 3.4 millones de pesos, a no ser que, estando tan en boga las zancadillas entre miembros de un partido y otro o al interior de estos, lo obviaron para que un día, tarde que temprano, llevarán a cabo la enésima reinauguración.

No hubo resultados fatales, ya dijimos y esto es lo mejor.

Bienaventurados somos por fin, si consideramos que las tragedias en México, de este tipo, son a perpetuidad como lo son también, en muchos casos, los reclamos de justicia de las víctimas y la ciudadanía en general.

Para qué enumerarlos si cada uno nos brinca en la memoria, así como lo hacía el joven al saltar en la orillita de ese puente.

Esta vez hubo saldo blanco, tan blanco como se vio el presidente municipal al sentir el derrumbe. No serán tantas las explicaciones ni los deslindes, ni las peticiones en la calle para que rueden cabezas, ni promesas de que se llegará a las últimas consecuencia ni que no se solapará a nadie.

Porque la sangre no corrió ni hubo muertos, así dicho, en plural. Porque ya para nuestra capacidad de asombro colectivo, uno, querido México, no es ninguno.


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