Urgen acuerdos, por el bien de Sonora

2020-05-06 | Eugenio Madero

La posibilidad de que 180 plantas maquiladoras vayan reiniciando -paulatinamente- su producción para el próximo lunes 11 de mayo, es una real amenaza para la salud de los sonorenses.

Por donde quiera que se le vea.

Gerardo Vázquez Falcón, presidente de la asociación de la Industria de Exportación (Index) en la entidad, agarró pleito cantado con el secretario de Salud, Enrique Claussen Iberri, quien -en acato a las recomendaciones de los especialistas- rechazó tajantemente que los miles de trabajadores vuelvan a sus labores en esta etapa que se considera la más peligrosa para los contagios comunitarios del coronavirus.

La maquila, desde su llegada a Sonora a finales de los años 60’s (principalmente a Nogales), siempre ha sido un sector empresarial fuerte que no solamente brinda oportunidades de empleo a los sonorenses en muchos municipios, sino a paisanos venidos de Sinaloa y de otros estados de la República que incluso pudieron haber tenido la intención de cruzar a Estados Unidos.

Esta industria es tan fuerte que se considera como una fuente generadora inconmensurable de riqueza, razón por la que tiene amplias posibilidades de soportar esta contingencia de salud.

Junto a la minería y quizá al sector agropecuario que también aportan un buen porcentaje al Producto Interno Bruto (PIB) estatal.

Las empresas trasnacionales (que igualmente tienen naves industriales en México y otros países subdesarrollados), manejan saldos de capital social y contables sumamente elevados. Por lo que el pago de la nómina -de dos o tres meses sin producir- no les afectaría mucho en sus finanzas.

Dicho en términos económico-administrativos:

Tienen la posibilidad de hacer uso de sus reservas legales.

Pienso que si Vázquez Falcón sacó a relucir las restricciones impuestas por el Gobierno del Estado para que no reabran las plantas maquiladoras -a lo que se incluye su denuncia pública por supuestas amenazas personales por parte de Claussen Iberri-, quiere decir que ya no tuvo argumentos sólidos para pugnar por la reactivación de sus empresas afiliadas que en su totalidad son de capital extranjero, principalmente de los gringos.

Y por eso mismo, pregunto:

Si en Estados Unidos existe un excesivo número de contagios al grado de ser considerado actualmente como el punto central de la pandemia en todo el mundo y tiene casi parada su economía, ¿usted cree que el mercado gringo esté demandando las mercancías que se fabrican en las plantas industriales de Sonora, de México u otros países?

Hay que reiterar que la actividad de estas empresas instaladas en nuestro estado, es transformar diferentes insumos en productos terminados.

Dígase del giro electrónico, textil, aeroespacial, etcétera.

En la opinión de este humilde y “encuarentenado” pregonero del quehacer contemporáneo, yo justificaría la apertura inmediata de estas fábricas solamente si hubiera la necesidad de que se produjeran tecnologías o utensilios médicos que pudieran ayudar a mitigar la propagación de esta epidemia global.

Con muchos cuidados y protecciones para los trabajadores, por supuesto.

O también, que la mayoría de estas fábricas se dedicaran a la terminación del envase y enlatado de comestibles, o algo parecido.

Pero de todo esto, hay algo que me llama la atención:

Intuyo que Vázquez Falcón pudiera estar recibiendo presión de algún lado.

Quizá de los propios inversionistas extranjeros que por no pagar sueldos ni impuestos justos en Estados Unidos, tienen más de 50 años instalando sus plantas productoras en países latinoamericanos, ya que en estas regiones la mano de obra les resulta más barata.

Todo esto, pese a la existencia de sindicatos como la CTM y recientemente la Catem y la CIT, los cuales parecen aves de rapiña (zopilotes, pues) tratando de saquear a los empresarios y no se diga a los trabajadores con sus cuotas semanales.

O a la mejor -como dicen en el barrio- Vázquez Falcón está recibiendo asesoría de parte de gente como los Salinas Price y Salinas Pliego, considerados estos dos últimos como verdaderos explotadores laborales.

Uno porque -a sus casi 90 años- dijo que muere más gente por fumar y otras enfermedades, que por el coronavirus.

Y el otro, su hijo, porque fue el primero en hacer un exhorto público para que los empresarios mexicanos obliguen a la gente que se regrese a trabajar a las calles, ya que es la única manera de acabar con la pandemia; olvidándose de las medidas precautorias de las autoridades de salud.

Al igual que muchas personas que afirman no tenerle miedo a este virus, ambos lo hicieron desde un lugar cómodo o de sus casas y aparentemente con buena salud.

Yo sugeriría que para aclarar dudas sobre los efectos del coronavirus, les preguntasen eso a las personas que han estado enfermas.

O a los familiares de quienes han fallecido.

Bueno.

El problema de que las empresas trasnacionales piensen que son tan indispensables para los gobiernos de los países del tercer mundo -y concretamente para los tres niveles de México-, es que para su instalación en cualquier parte, históricamente les han dado todas las facilidades y hasta beneficios fiscales.

Con la noble intención, obvio, de que generen empleos a tanta gente necesitada.

La Ford, por ejemplo, cuando se instaló en el Parque Industrial de Hermosillo, había una competencia muy fuerte de los gobiernos de Baja California y Chihuahua; por lo que el entonces gobernador de Sonora, Samuel Ocaña García, les donó el terreno y todavía condonó impuestos estatales por varios años.

Y así pudiera haber muchos otros ejemplos.

Esperemos que en los días que le restan a la semana, se registre un buen diálogo y acuerdos entre los representantes de Index con el Gobierno del Estado. En beneficio, por supuesto, de los miles de trabajadores que dependen de este gremio y del empleo que les ayuda para el sustento familiar.

Confiamos también -que para la negociación en la que seguramente estarán los titulares de la Secretaría del Trabajo y Economía, Horacio Valenzuela y Jorge Vidal, respectivamente- no se involucre representantes de la CTM o cualquiera de las otras dos organizaciones depredadoras de cuotas sindicales y de reciente creación.

Sobre este tema, el que se vio muy maduro y hasta me agradó su declaración -porque no fue tan llorón-, fue el dirigente local de Canaco, Ario Bojórquez, pues luego de lamentar la difícil situación económica y de salud que estamos viviendo, dijo que están a la espera de abrir sus negocios.

Pero una vez que así lo declaren las autoridades correspondientes.

Estimó que de las aproximadamente 2 mil empresas afiliadas a su organización, el 70% tuvo la necesidad de cerrar temporalmente y seguirle pagando el sueldo a los trabajadores; aunque algunas de tamaño micro, pequeñas y medianas tuvieron que hacer algunos despidos.

Por hoy la vamos a dejar así.

Seguimos en contacto con más temas locales.

Y recuerden:

No salgan de sus casas.

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