Mi gusto es… (O la otra mirada)

2019-07-14 | Miguel Angel Aviles

Nunca me había puesto a pensar en la importancia y los recuerdos que atesoran las esquinas de los barrios en cualquier ciudad.

Seguramente todos lo vivimos, todos las hemos disfrutado, todos las hemos padecido.

Han sido el vértice del disfrute y también, por qué no decirlo, de las lamentaciones.

En la infancia y en tu barrio, ahí están esas esquinas inolvidables que significaban convivio, fiesta y tradición: la tiendita de Don desde o Don aquel, o la casa del amiguito que era un cuartel de soldados callejeros donde entrábamos y salíamos todos sin impedimento alguno ni vigilantes en la puerta que te impidiera el paso, a no ser un perro café que te ladraba a modo de saludo.

También lo era, lo fue, el punto de encuentro en comunión noche tras noche en ese poste astillado de la luz que nadie convocaba, pero todos estábamos ahí.

Las esquinas, también habría que decirlo, fueron la meta no esperada de esos dos carromatos que por veloces no supieron cuando se estrellaron entre sí.

Todo eso han sido las esquinas: calles interrumpidas por ese recodo necesario y útil. Espacio urbano que vive siempre en un estruendoso silencio de nostalgias, de presentes invisibles, pero a la vista de todos para hacer historia.

En mi caso, algunas veces, aunque ya no tantas, regreso a la que algún día fue nuestra y una voz de niño en mi interior, se escucha que dice:

Ya no anda nadie por esa calle.

¿Dónde está la luz?

¿Dónde el poste y los muchachos?

¿Quién viste a la memoria de un poco de aliento para seguir viviendo?

Luego alguien pasa y es el tiempo, ese que lleva las rodillas llenas de costras y viste pantalones cortos.

Contacto: avilesdivan@hotmail.com

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