Congreso, fango sobre la democracia

2018-10-08 | Marco Antonio Andrade

El titulo de esta Columna corresponde a un libro de Roger Bartra en el que cuestiona la solidez ideológica del actual presidente electo y la izquierda en su conjunto, misma que, evidentemente, no compartimos.

 

Es indiscutible que la nueva generación de diputados de la exitosa coalición Juntos Haremos Historia, integrada por diferentes partidos y lidereada por MORENA, representan un Congreso con el mayor nivel de legitimación social y política en la historia electoral de Sonora, en cuya conformación no se advierten, en lo general, perfiles técnicos ni profesionales con aptitudes ni experiencia en asuntos públicos, y lo más relevante, tampoco se visualizan operadores políticos con las habilidades requeridas que el cargo y los tiempos ameritan.

El liderazgo, por su parte, es una cuestión difusa o inexistente. Los coordinadores parlamentarios tienen el estatus de líderes formales, pero, sin influencia ni control real en casi nada. La conducción de las sesiones ha sido, aparte de violatorias sistemáticas del orden normativo del Congreso, caóticas, y en algunos casos, patológicas.   

Sin embargo, es necesario ponderar que estamos frente a una legislatura con el mayor sentido de ciudadanización pura y simple, donde para bien o para mal no aparecen los personajes tradicionales o los políticos profesionales que, con excepción de Gildardo Real, Fermín Trujillo, Alejandra López Noriega, María Dolores del Rio y Rogelio Díaz Brown con sobrada trayectoria,  asumían la gobernabilidad plena y absoluta del congreso en todos sus órdenes.

En el pleno se han formalizado, desde 1998 en que se creó la primera Ley Orgánica del Congreso (anteriormente a la 55 legislatura 1997-2000 se aplicaba un Reglamento Interno vigente desde 1921), el resultado del trabajo y los dictámenes de las comisiones legislativas y, sobre todo, los acuerdos de la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política (CRICP) que es donde se deciden realmente los asuntos políticos, financieros, administrativos, laborales y legislativos del congreso.

Por los usos y costumbres de los poderes legislativos en nuestro país, sea la cámara de diputados, senado de la república, congresos estatales, incluyendo los cabildos municipales como cuerpos colegiados, están sujetos a la decisión de instancias cupulares que, si bien es cierto facilitan el funcionamiento y una gobernabilidad artificiosamente controlada, también inhiben el debate y la discusión pública de los diferentes asuntos legislativos, restándole calidad democrática y transparencia a los temas sustantivos como la revisión y calificación de las cuentas públicas, leyes de ingresos y egresos, entre otros asuntos cruciales para el desarrollo de la sociedad que, por disposición constitucional, corresponden al ámbito de la competencia exclusiva de los congresos y cabildos.   

En ese contexto y tomando en cuenta las folclóricas e insólitas últimas dos sesiones del Congreso, donde nunca habíamos presenciado tantas pifias procesales, insultos ni escarnio  contra los diputados, incluyendo un cumulo de asesores empoderados y posesionados  ilegítimamente del recinto, es pertinente caracterizar en su justa dimensión quienes son los 33 diputados para entender, sin filias ni fobias,  los desencuentros inducidos al interior de los grupos parlamentarios, así como las causas que motivaron, en nuestra opinión, las primeras fisuras en la unidad y en la cohesión interna de dicha coalición.        

De los 21 diputados de mayoría relativa solo 5 tienen licenciatura con carrera terminada. Los otros 16 “tiene estudios o cuenta con estudios” que es una forma de ocultar que no han concluido su carrera. De los 12 diputados plurinominales la mayoría tienen licenciatura, con excepción de una diputada del PRI y otra de MORENA con carrera trunca.

En el conjunto de diputados aparecen profesores, ingenieros, abogados, administradores, trabajadoras sociales, estilistas, un médico, un agrónomo, una psicóloga, una periodista deportiva, un músico, un boxeador y una Duquesa del Carnaval de Guaymas.

Empero, esta heterogénea composición no debe entenderse en sentido negativo ni peyorativo, mucho menos. Por encima del nivel de escolaridad y meritos académicos esta la representación ciudadana, el compromiso social, la legitimación del voto y el mandato transformador recibido el primero de julio, aunque las aptitudes y la libertad intelectual para un máximo aprovechamiento del trabajo legislativo, son elementos indispensables para reconfigurar un congreso más útil y eficaz para los intereses ciudadanos. La responsabilidad social es clave, pero la congruencia política, es fundamental. 

FISURAS Y RUPTURAS.

Vistas y oídas las sesiones del martes 2 y jueves 4 de octubre, advertimos una paradoja: los diputados lucían tranquilos y apacibles hasta en tanto no los visitara un asesor. Es cierto que se perciben honestos, aunque como ciudadanos y ciudadanas comunes, se revelan muy improvisados e impreparados, y en algunos casos, tímidamente cohibidos, cuyas limitaciones son capitalizadas por los asesores, mismos que lejos de facilitarles la comprensión de los temas y el aprendizaje del proceso legislativo, se han apropiado, al parecer, de la buena fe, generosidad y de las decisiones políticas de los nuevos diputados. Los videos son reveladores.

Fue obvio como la enorme mayoría de diputados, particularmente la presidenta de la mesa directiva, fueron influenciados y controlados por interés ajenos a su propia voluntad, incluyendo la incontenible presión ejercida por los agresivos asistentes que, sin el menor cuidado ni respeto a las posturas de la nueva minoría, la misma ocupada hasta antes del primero de julio por ellos mismos, denostaron hasta el cansancio a sus opositores y contaminaron el debate sobre el nombramiento de los nuevos funcionarios.

La incontrolable violencia verbal de la gradería militante, aunada a la complacencia irresponsable de la presidenta, termino por operar en contra del objetivo del partido principal de la coalición.

Los hechos son contundentes: ambas sesiones fueron suplantadas por una especie de asambleismo partidista que no únicamente buscaba influenciar la decisión personal de los diputados, sino determinar el sentido de la votación general, impidiendo así discutir el tema en forma suficiente. Quisieron democratizar la democracia a fortiori.

Se agredió la inteligencia, la libertad y la integridad de los propios aliados de la coalición al presionar a golpe de consigna e intransigencia lo que Bernardo Batiz, uno de los primeros estudiosos del derecho parlamentario en méxico en su obra Teoría del Derecho Parlamentario refiere como la importancia de respetar la libertad de votar del Diputado: “el voto tiene un elemento interno que es la operación de la voluntad libre que consiste en optar en el interior de la persona por una de las diversas posibilidades que se presente a su inteligencia y tiene un elemento externo que es la manifestación a través de signos objetivos de la decisión interna”.

En ese sentido, es evidente que la coalición no advirtió el riesgo de incluir en el orden del día la designación de los nuevos funcionarios sin haber negociado previamente con los otros partidos, ni haberse asegurado la mayoría calificada de los votos necesarios para garantizar su aprobación, pasando por alto, incluso, el mandamiento del Tribunal de Justicia Administrativa y al Acuerdo de la CRICP que acertadamente ordenaban la restitución de los funcionarios despedidos por la legislatura anterior. Jugaron una posición de fuerza, alentados por la presión de la tribuna, dejando de lado la importancia de conservar el consenso de la coalición y la estabilidad democrática del congreso.

Es lógico suponer entonces que nunca analizaron los afectos legales y las complejidades políticas, ni las presupuestales o financieras, del despido de los 16 funcionarios sujetos al régimen de inamovilidad laboral derivado de las recientes reformas constitucionales.

Una herencia negra inadvertida a grado tal que invirtieron la agenda política de la coalición y, en lugar de privilegiar la integración de las comisiones y el sistema de negociación y acuerdos institucionales, optaron por diseñar rutas de depuración laboral para apropiarse de la estructura administrativa.  La impericia jurídica y política genero un fandango público.

De allí que es indispensable realizar una reflexión seria y un ejercicio de análisis y autocritica para identificar los errores y omisiones cometidas como parte de una estrategia políticamente  fallida y evitar continuar en una ruta jurídica fantasiosa, misma que también se reflejo en la perdida de un diputado plurinominal.

Sonora fue el único estado en el país donde la coalición, a diferencia de otras entidades como   CDMX y Estado de México, perdió un diputado clave para el liderar la 62 legislatura.

Es necesario aceptar que en el despido del Oficial Mayor, Contralor, Directores y Subdirectores, existen errores de origen imposibles de solucionar aplicando un Código propio.

En dicho despido se violo la Constitución Estatal y Federal, la Ley Orgánica del Congreso, la Ley de Justicia Administrativa, la Ley de Responsabilidades, la Ley de Amparo, La Ley del Servicio Civil, la Ley Federal del Trabajo, el Código Penal Local, Tratados y Convenios Internacionales en Materia Laboral y Protección de Derechos Humanos, entre otros.

Olvidaron que las votaciones en el Pleno, igual que las guerras según decía Sun Tzu, se ganan o se pierden antes de iniciarlas. Les falto táctica y carecen de estrategia, sin duda.          

No obstante, la izquierda sonorense no debe olvidar el gran salto histórico logrado este 2018.

Creo que la Coalición necesita, no únicamente reagruparse en un Frente legislativo, sino construir un liderazgo social que encauce los crecientes problemas de corrupción, impunidad, desempleo, desigualdad, inseguridad, salud y educación de la agenda común y demás problemas de solución diferida de los ciudadanos. La expectativa es muy alta. Cuidado.    

La Coalición debe dimensionar que ganaron para gobernar juntos y cogobernar con otros poderes y partidos, no para administrar conflictos ni disputar posiciones laborales en contra o a favor de nadie. Tienen la representación mayoritaria, pero no absoluta de los sonorenses.

Lo aparentemente imposible ya se logro, lo demás, es lo de menos.

Salud.

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