¿Y ahora qué?

2018-07-01 | Omar Alí López

Por fin terminó el suplicio de las campañas y las elecciones. Ya ganó el candidato que usted quería, y perdió también el que usted quería, pero, ¿y ahora qué? ¿Qué sigue en todo este entramado de la política y el futuro del país?

Quien resulte declarado ganador de las elecciones, sin importar el cargo por el que haya competido, tendrá el gran compromiso de cumplir; pero como sociedad debemos mirar hacia delante. Nos queda mucho camino por recorrer y es muy complicado cuando solo unos pocos deciden avanzar.

Entre ese avance se encuentra la exigencia de hacer cumplir sus promesas a los ganadores. De otra forma no tendría sentido festejar una victoria o una derrota. Tanto los presidentes municipales, diputados locales y federales, senadores y presidente de México, deben ser exigidos de cumplir con todo lo prometido, amén de aquellas propuestas que rescaten de otros candidatos o partidos.

Costará mucho trabajo hacer conciencia de esto, puesto que primero podría llegar la frustración, ante la impotencia de –supuestamente– no poder hacer nada para obligar a nuestros nuevos representantes al cumplimiento de lo prometido.

Pero por alguna parte debemos comenzar.

Las herramientas a nuestra disposición como las redes sociales pueden ser de gran utilidad si se usan de manera positiva. Así como son excelentes para denostar y crear controversias, de la misma forma pueden servir para solicitar que se cumplan las propuestas hechas por los futuros representantes populares.

Una cuestión que debemos mantener siempre en mente es que no importa quiénes ganaron ayer por decisión de la mayoría de las y los ciudadanos, es nuestra obligación apoyarlos. Así es la democracia. Podremos no estar de acuerdo con los o las triunfadoras, pero como sociedad hay que darles nuestra confianza.

Es evidente que no se puede apoyar aquello que vaya contra la naturaleza, la ley o el bien común, y ante esas situaciones también debemos levantar la voz y hacerla sonar con fuerza para oponerse. Ese es el principio de la oposición.

Sé que la polarización alcanzada durante este proceso electoral tardará mucho en apaciguarse, pero no podemos estar alejados y mantenernos al margen toda la vida. Los partidos políticos deberán cambiar y la sociedad misma deberá aprender a cambiar. Deberemos aprender sobre lo que hemos hecho y que el futuro de esta generación estará construido precisamente de nuestras elecciones del día de ayer.

Nadie es capaz de conocer el futuro, pero sabemos que por las decisiones que vamos tomando en el largo camino de la vida, aquél puede pintarse negro o blanco. No lo digo yo, lo dice la Historia. Hay infinidad de ejemplos.

En este sentido, nada será más importante para todos que aprender a ser una nueva sociedad corresponsable y  participativa, con infinidad de mecanismos para dar a conocer nuestras intenciones, pero con un solo método reflejado en una cruz en una hoja de papel y que bien pudimos haber desperdiciado el 1 de julio.

Dependerá de nosotros cómo queramos verlo.

 

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